Contra todos los obstáculos

Por: Lcdo. José Cabrera Costas

Visto desde la contemporaneidad, podría surgir la impresión de que los 37 territorios que lograron la estadidad marcharon imparables hacia la igualdad.  En ese contexto, pareciera que la estadidad fue una coyuntura inevitable.  No obstante, la historia de la admisión de los estados demuestra que los residentes de los territorios enfrentaron grandes retos para lograr la estadidad.   Incluso, algunos lucharon por décadas.  El caso de Nuevo México y su cruzada de 64 años es un ejemplo de perseverancia y tenacidad.  (Véase Grupo de Investigadores Puertorriqueños, Breakthrough from Colonialism: An Interdisciplinary Study of Statehood).  De manera que, la oposición a la estadidad para Puerto Rico y los retos que el movimiento estadista ha tenido que enfrentar no son un fenómeno particular a nuestra ínsula.

Los oponentes de la estadidad han aprovechado la vaguedad constitucional sobre la admisión de estados para sus propósitos.  En lo pertinente, el Artículo IV, Sección 3, de la Constitución de los Estados Unidos dispone que “el Congreso podrá admitir estados nuevos a la Unión”.  Como vemos, no se identifican requisitos para la estadidad y no se detalla cómo será el proceso de admisión.  Esta disposición constitucional, de gran flexibilidad, y que otorga suma discreción al Congreso, también abre la puerta a la creatividad.  Así, las fuerzas anti-estadistas han llenado ese vacío fabricando requisitos y argumentos contra la admisión de estados nuevos.  Aunque lograron retrasar la estadidad para algunos estados, cabe resaltar que nunca la impidieron.  Veamos.

Primeramente, el rechazo a la estadidad se ha amparado en las debilidades económicas de los territorios.  Los oponentes de la estadidad argumentaron que causaría la ruina económica de Illinois, Indiana, Ohio, Nuevo México, Wisconsin y Washington.  Asimismo, aseveraron que Alabama, Arizona, Florida y Michigan eran muy pobres y subdesarrollados.  Dijeron que Arizona, Florida, Maine, Nevada y Nuevo México carecían recursos naturales.  También objetaron la estadidad por la implantación de impuestos estatales e impuestos sobre ingresos federales.   Estos territorios, como relata Luis Dávila Colon, “al momento de entrar a la Unión tenían niveles de desarrollo socioeconómico muy inferiores al resto de los estados, precisamente debido a su experiencia colonial.”  (Véase su libro Estado patria).

En segundo lugar, han utilizado las diferencias étnicas y culturales para resistir la estadidad.  En el caso de Nuevo México, argumentaron que su amplia población hispana no se integraría a la Unión.   Cónsono con lo anterior, hubo reparos por la ascendencia hispana de sectores de la población de Arizona y Florida y por la población indígena de Oklahoma.  La oposición contra la admisión de Luisiana se centró en que la cultura francesa permeaba el territorio y gran parte de su población era francófona y se identificaba como francesa. De igual forma, plantearon la religión mormona y las practicas religiosas de sus feligreses en Utah y Wyoming como obstáculo.

Por otro lado, impugnaron la estadidad para Texas ya que era una república independiente cuando pidió admisión.  En específico, arguyeron que el Congreso no tenía la autoridad para admitir a una nación foránea como estado.  No obstante, el Congreso admitió a la República de Texas.  La admisión de Texas es un precedente de sumo interés ya que establece que si Puerto Rico se independiza, podría posteriormente ser admitido como estado.  (Véase Christina Duffy Burnett y Burke Marshall, eds., Foreign in a Domestic Sense: Puerto Rico, American Expansion, and the Constitution).

Alaska y Hawái, los estados más recientes, tampoco fueron exentos de trabas.  Declararon que Hawái no tenía recursos naturales y que el impuesto al ingreso federal causaría su bancarrota.  Aseveraron que Alaska carecía población, era muy subdesarrollado y su economía colapsaría.  También objetaron la considerable población esquimal de Alaska y la población asiática de Hawái.  Por último, se opusieron a la estadidad para Alaska y Hawái por éstos no ser contiguos geográficamente a los demás 48 estados continentales.

Como ya hemos expuesto, ninguna de las razones aquí mencionadas lograron impedir la estadidad de cada uno de los territorios que la solicitó.  Es decir, los residentes de los territorios enfrentaron exitosamente toda clase de objeción a sus reclamos de estadidad.  Al fin y al cabo, el Congreso nunca le ha negado la estadidad a un territorio que la haya reclamado.

En conclusión, el factor determinante para que un territorio se convierta en estado es que una mayoría de sus residentes pidan la estadidad.  Precisamente, el principal impedimento a la estadidad para Puerto Rico es que no la hemos reclamado con nuestro voto.  Tenemos que exigirla.  Ciertamente no existen obstáculos para que Puerto Rico sea estado si así lo queremos.

* * *

José Cabrera Costas es abogado y fue Presidente Nacional del Puerto Rico Statehood Students Association (PRSSA).  

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