Conservadores en campaña por la estadidad

El Latino Partnership for Conservative Principles declaró ayer en conferencia de prensa en Washington, DC su apoyo a que el territorio de Puerto Rico se convierta en estado.

El director del Latino Partnership, Alfonso Aguilar, estuvo acompañado del exgobernador de Puerto Rico Luis Fortuño, el exalcalde de San Juan Hernán Padilla y el activista conservador Grover Norquist, presidente de Americans for Tax Reform.

Aseveraron que los padres fundadores de Estados Unidos no hubieran permitido que a ciudadanos americanos, como los casi cuatro millones que residen en Puerto Rico, se le negaran derechos fundamentales correspondientes a su ciudadanía.  Lee las expresiones del Dr. Padilla aquí.

De paso presentaron el video que arriba compartimos.  El mismo orienta sobre la indignidad del estatus colonial de Puerto Rico y la necesidad de vindicar los derechos de sus residentes logrando la igualdad plena en derechos y responsabilidades.  En el video vemos a los presidentes Ronald Reagan y George H. W. Bush abogar por la estadidad.

El objetivo de la campaña del Latino Partnership, afiliado al American Principles Project, es promover la estadidad para Puerto Rico dentro del movimiento conservador de Estados Unidos.

Oprime este enlace para leer la noticia de El Vocero.

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Congressman Pedro Pierluisi discusses the results of Puerto Rico’s plebiscite

Congressman Pedro Pierluisi (D-PR) informs Congress of the official results of Puerto Rico’s status plebiscite held on November 6, 2012.  A majority of 54% of voters rejected Puerto Rico’s current territorial status and 61% favored statehood for Puerto Rico.

La insensibilidad de un colonialista empedernido

No los queremos” y “no los necesitamos”.

Aunque el lector pudiera confundir estas notorias frases como propias de Fidel Castro, así se expresó hoy el joven José Aníbal Herrero Acevedo, sobrino del ex gobernador Aníbal Acevedo Vilá, sobre los cientos de miles de puertorriqueños que se mudaron a los estados continentales debido a los problemas de Puerto Rico.

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Las expresiones de Herrero Acevedo contrastan con las del gobernador Alejandro García Padilla, del oficialista Partido Popular Democrático, quien aceptó que la colonia logró que el 40% de los jóvenes preparados se marcharan de Puerto Rico.  Éste enfatizó que retenerlos es una prioridad porque de lo contrario “nos quedamos sin país”.

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Es lamentable que un joven activista del Partido Popular demuestre tanta insensibilidad hacia hermanos puertorriqueños que tuvieron que dejar atrás sus hogares en busca de un mejor futuro.

Un mejor futuro que colonialistas como Herrero Acevedo le niegan a los puertorriqueños en su empeño de mantener viva una colonia indigna, retrógrada y antidemocrática.

Columbia Law School professor: Puerto Ricans rejected territorial status and embraced statehood

Ponsa_Christina-D-140Christina Duffy Ponsa, a Professor of Law at Columbia Law School and an expert on American territorial expansion, published a brief essay analyzing the results of Puerto Rico’s November 6, 2012 status plebiscite and asserted that for the first time Puerto Ricans rejected Puerto Rico’s territorial status and opted for statehood.

The essay, also available on Columbia Law School Magazine’s webpage, reads as follows:

On November 6, while a majority of the American electorate was casting its ballot for four more years, a majority of the electorate in the U.S. territory of Puerto Rico was casting its ballot for not one more minute. In a plebiscite addressing Puerto Rico’s troubled relationship with the United States, 54 percent of the voters called for an end to the island’s current “commonwealth” status—a status falling somewhere in between statehood and independence, though where exactly it falls, no one seems to know. . . . And among those who proceeded to choose an alternative, a robust majority of 61 percent opted for statehood. It was an historic vote: The island’s first-ever majority vote in favor of joining the Union as the 51st state.

Yet the results of the plebiscite immediately gave rise to controversy, with statehood opponents complaining that the ballot was flawed both procedurally (they didn’t like its two-step structure) and substantively (they didn’t like how it defined the political status options). These criticisms came as little surprise: Commonwealth supporters have made an art of objecting to any process that could potentially yield a victory for statehood—including earlier processes involving just one step and different definitions of the options. Indeed, both the two-step process and the definitions this time around were consistent with recommendations in reports produced by both the Bush White House Task Force on Puerto Rico and the Obama White House Task Force on Puerto Rico. Moreover, the critics have not helped their cause by throwing in a smattering of less plausible complaints. (For instance, because the governor-elect doesn’t support statehood himself, the plebiscite didn’t count. Or it might look like statehood won, but statehood actually lost—perhaps they’re reading the results upside down?)

Even so, their objections have thrown sand in the gears, and a true resolution to Puerto Rico’s “status problem” likely remains a long way off. This, too, is unsurprising: Puerto Rico’s legal and political relationship with the United States has from the start been the source of stormy and contentious debate. Annexed by the United States after the war with Spain in 1898, Puerto Rico has been a “territory” of the United States for nearly 115 years, and since 1917, persons born in Puerto Rico have been U.S. citizens at birth. Because the island is not a state of the Union, however, these 4 million U.S. citizens have no voting representation in the federal government: no presidential vote, no Senators, and no Representatives except for one non-voting “Resident Commissioner” in the House. (They also don’t pay federal income taxes, but they do pay other federal taxes, and very high local taxes to boot.) Little wonder that a majority of Puerto Ricans want an end to the island’s current status.

What they want instead, though, is a thornier question. In 1993, “commonwealth” and statehood split the vote 48 percent-46 percent (that’s right—virtually no Puerto Ricans support independence), and in 1998, a majority of 50.3 percent succeeded mainly in confusing matters by voting for “None of the Above”—a result that led to nothing except more of the same. Now, a clear majority among those who expressed a preference chose statehood. While statehood supporters are not sanguine about what comes next, they hope that at the very least, the result of this most recent plebiscite will be remembered as the beginning of the end of Puerto Rico’s colonial condition.

Ponsa is also frequent academic panelist on Puerto Rico’s status problem and the co-editor of Foreign in a Domestic Sense: Puerto Rico, American Expansion, and the Constitution.

¿Quién fue el primer presidente que pidió la ciudadanía americana para los puertorriqueños?

El presidente republicano Theodore Roosevelt solicitó formalmente la ciudadanía americana para los puertorriqueños en un mensaje que brindó al Congreso el 5 de diciembre de 1905.

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Las palabras de Roosevelt fueron las siguientes:

I earnestly advocate the adoption of legislation which will explicitly confer American citizenship on all citizens of Porto Rico.  There is, in my judgment, no excuse or failure to do this.

Previo a recibir la ciudadanía americana, de 1898 a 1917 los puertorriqueños eran designados “nacionales” de los Estados Unidos.  Finalmente en el 1917 la Ley Jones le confirió la ciudadanía americana a los puertorriqueños.

Descorriendo el velo del nuevo pacto

Por: Gerardo J. Cruz Ortiz

Hoy día vemos al liderato del Partido Popular Democrático (PPD) sumergido en la práctica de la arquelogía jurídica con el fin de elaborar una teoría legal que justifique el desarrollo del Estado Libre Asociado (ELA). Como resultado de este ejercicio banal, no nos debe sorprender que las bases jurídicas sobre las cuales se fundamenta esta teoría del nuevo pacto son altamente cuestionables a la luz del ordenamiento constitucional estadounidense. Ante el peligro inminente que representan las intenciones aviesas del PPD para la democracia puertorriqueña, nos vemos en la obligación de utilizar este espacio para orientar al pueblo sobre en qué consiste dicha teoría.

¿Pueden Puerto Rico y Estados Unidos constituir una unión permanente–una unión que le garantice la ciudadanía estadounidense al pueblo de Puerto Rico–sin la anexión de Puerto Rico como estado de la Unión?

Los defensores de un ELA mejorado alegan que nada en la Constitución federal le impide al Congreso formar parte del nuevo pacto; por consiguiente, el Congreso sí podría hacerlo. De hecho, algunos van más allá al sugerir que Puerto Rico y Estados Unidos ya tienen un pacto de asociación y que lo único que necesitamos es lograr su reconocimiento por parte  del Congreso.

El problema con la teoría del pacto es que refleja un profundo desconocimiento sobre la Constitución y de los poderes que delega al Congreso. Para descorrer el velo de esta teoría es necesario examinar sus dos componentes principales: la unión permanente y la garantía de la ciudadanía.

Nadie puede negar que el Congreso tiene el poder para ser creativo en Puerto Rico. De hecho, el Congreso ya ha sido sumamente creativo en nuestro país. El asunto medular es que, sin importar los experimientos que el Congreso pueda llevar a cabo con respecto a la isla, lo que éste no puede hacer es obligar a Estados Unidos a formar parte de un pacto bilateral con una entidad no estatal–un pacto que afirme la nacionalidad de cada parte, pero del cual ninguna parte pueda retirarse sin el consentimiento expreso de la otra parte. El sugerir lo contrario sería soslayar todo el marco jurídico que gobierna la soberanía nacional, las fronteras territoriales y la misma autodeterminación. Si algún Congreso futuro (o el Ejecutivo) determinase que los intereses de Estados Unidos requieren rescindir de dicho pacto con Puerto Rico, entonces Estados Unidos tendría todo el derecho, como nación soberana, de disolver ese acuerdo. Esta determianción pertenecería exclusivamente a las ramas políticas del gobierno, por lo que ningún tribunal podría entender en la controversia y mucho menos revertirla.

En cuanto a la ciudadanía, los puertorriqueños somos ciudadanos estatutarios, según disponen las secciones 301(a) y 302 de la Ley de Inmigración y Nacionalidad. La ciudadanía estatutaria está constitucionalmente protegida no por la Decimocuarta Enmienda, sino por la Claúsula del Debido Proceso de Ley. El Congreso, por consiguiente, no tiene la facultad de revocar unilateralmente la ciudadanía estadounidense de los puertorriqueños. A tenor con la jurisprudencia federal, uno no puede ser privado de la ciudadanía estadounidense que ya uno tiene a menos que exista evidencia contundente que demuestre la intención de renunciar a la misma.

Esto, sin embargo, es diferente a una garantía de que el Congreso continuará extendiéndole la ciudadanía estadounidense a los puertorriqueños, según sugiere la teoría del nuevo pacto. Ningún Congreso puede hacer esta promesa porque, sencillamente, todos los Congresos subsiguientes siempre tendrán el poder para enmendar los estatutos referentes a la ciudadanía.

Es sumamente injusto para los electores puertorriqueños que se les ofrezca una opción que no es constitucionalmente viable precisamente porque podrían votar por ella. Permitirle al pueblo votar por unas promesas huecas que el Congreso no puede cumplir no vindica los valores de la autodeterminación sino que, por el contrario, se burla de ellos.

* * *

El autor es estudiante del Recinto Universitario de Mayagüez y es presidente fundador de la Sociedad Friedrich Hayek.   Previamente fungió como director de comunicaciones del Puerto Rico Statehood Students Association (PRSSA). 

Hillary Clinton favoreció el voto presidencial

La actual Secretaria de Estado Hillary Clinton, y quien se comenta podría volver a aspirar a la presidencia en el 2016, favoreció el voto presidencial para los puertorriqueños durante su campaña presidencial del 2008.    Así lo hizo constar en la siguiente entrevista:

Clinton, acompañada por su esposo, el ex presidente Bill Clinton, y su hija Chelsea, reafirmó su llamado el 25 de mayo de 2008 cuando fue invitada por el Presidente del Senado Kenneth McClintock a ser la orador principal de los actos oficiales del Senado de Puerto Rico conmemorando el Día de la Recordación.

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Aunque discrepamos de su opinión sobre el estatus colonial, la declaración de Hillary Clinton a favor del voto presidencial es importante porque los puertorriqueños solo podemos obtenerlo bajo dos circunstancias: (1) enmendando la Constitución de los Estados Unidos o (2) convirtiendo a Puerto Rico en estado.